<?xml version="1.0"?><!DOCTYPE rdf:RDF SYSTEM "http://dublincore.org/documents/2000/11/dcmes-xml/dcmes-xml-dtd.dtd"><rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><rdf:Description about="https://thelos.utem.cl/articulos/simone-de-beauvoir-una-breve-revision-a-los-origenes-del-feminismo/"><dc:title>Simone de Beauvoir: una breve revisión a los orígenes del feminismo</dc:title><dc:creator>Universidad Tecnológica Metropolitana</dc:creator><dc:date>2020-10-09</dc:date><dc:date>2020-10-09</dc:date></rdf:Description><article><front><journal-meta><journal-title>Simone de Beauvoir: una breve revisión a los orígenes del feminismo</journal-title><issn>0718-3259</issn><publisher><publisher-name>Universidad Tecnológica Metropolitana</publisher-name></publisher></journal-meta><article-meta><pub-date pub-type="pub"><day>09</day><month>10</month><year>2020</year></pub-date><volume>11</volume><numero>1</numero></article-meta></front><body><![CDATA[&lt;h4&gt;RESUMEN&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Desde el inicio de las civilizaciones el hombre se ha posicionado por sobre la mujer, tanto en el espacio p&uacute;blico como en el privado. As&iacute; lo demuestra el estudio magno de la obra &lt;em&gt;El Segundo Sexo&lt;/em&gt;, de Simone de Beauvoir; argumentando, criticando y denunciando al patriarcado como un aparato de control que ha consolidado los privilegios en la asignaci&oacute;n de roles y la exclusi&oacute;n de la mujer en torno a los derechos fundamentales del ser. De esta forma, en el art&iacute;culo se logran recoger algunas ideas de la fil&oacute;sofa gala y su lucha consistente frente a las estructuras del paradigma &lt;em&gt;Andr&oacute;s.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;ABSTRACT&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Since the beginning of civilizations, men have positioned themselves above women, both in public and private spaces. Thus, the great study of Simone de Beauvoir&amp;#8217;s The Second Sex shows it; arguing, criticizing and denouncing patriarchy as a control apparatus that has consolidated privileges in the assignment of roles and the exclusion of women around the fundamental rights of being. In this way, the article manages to collect some ideas of the French philosopher to try to explain the origins of feminism, and its consistent struggle against the structures of the Andr&oacute;s paradigm.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;INTRODUCCI&Oacute;N&lt;/h4&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;&ldquo;[&hellip;] Mi hombr&iacute;a fue morderme las burlas&lt;br /&gt;
Comer rabia para no matar a todo el mundo&lt;br /&gt;
Mi hombr&iacute;a es aceptarme diferente [&hellip;]&rdquo;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;Pedro Lemebel, &lt;em&gt;Manifiesto&lt;/em&gt;, 1986.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El escritor chileno Pedro Lemebel en &lt;em&gt;Manifiesto&lt;/em&gt; (&lt;em&gt;hablo por mi diferencia&lt;/em&gt;), en septiembre de 1986 (2011, 220), luego de cinco meses del adi&oacute;s de Simone de Beauvoir, expresar&iacute;a palabras con sentimiento y profundidad que identificar&iacute;a a decenas, cientos y miles de personas que vivenciaron y viven los abusos y desconsuelos de una sociedad patriarcal. Esta &uacute;ltima se refiere a un sistema pol&iacute;tico que institucionaliza la superioridad sexista de los hombres por sobre las mujeres; sustent&aacute;ndose y consider&aacute;ndose m&aacute;s bien en un discurso biol&oacute;gico que prepondera, faculta y atribuye a la dominaci&oacute;n masculina por sobre la femenina, estructura que es materializada y heredada en los establecimientos educacionales, sistemas laborales, ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas y la familia (Vacca y Coppolecchia, 2012, pp. 60-61). As&iacute;, la cotidianidad de las institucionalizaciones patriarcales ten&iacute;a y tiene por objetivo ocultar a &lt;em&gt;estos seres&lt;/em&gt; en los escombros de los prejuicios sociales por el solo hecho de ser diferentes; utilizando la violencia simb&oacute;lica y verbal aprendidas de las man&iacute;as clasistas y raciales de las generaciones pret&eacute;ritas a nuestro presente y que, moment&aacute;neamente a&uacute;n, se siguen internalizando en el colectivo imaginario de una forma tradicionalista y partidista para continuar asignando los roles del binarismo de g&eacute;nero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pedro Lemebel, al igual que De Beauvoir, luch&oacute; por la aceptaci&oacute;n de la diversidad, tanto en su contexto hist&oacute;rico, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social como cultural; planteando una literatura que rompe con el relato de los &lt;em&gt;estudios cl&aacute;sicos&lt;/em&gt;, y provocando a la desesperanza para transformarla en esperanza, como una sociedad abierta que acepta lo que es diferente y de convivir con ella a trav&eacute;s de una mirada racional, tolerante y respetuosa. Lemebel, al igual que otros intelectuales, fortific&oacute; al individuo de ser consciente de las agresiones recibidas y las convirti&oacute; para que el hombre comprenda que no est&aacute; solo en el mundo (De Beauvoir, 2017, p. 60). Ser&aacute;n las letras y las expresiones ic&oacute;nicas las que transformar&aacute;n a la masa pensante y responsable. Adem&aacute;s de ser la encargada de ense&ntilde;arnos que es vital alejarnos de todo tipo de violencia: de la que hemos sido parte, con el &uacute;nico fin de transitar, quiz&aacute;s, en un dif&iacute;cil sendero debido a la carga generacional que acept&oacute; y no reflexion&oacute; en torno a las segregaciones de las m&uacute;ltiples diferencias culturales del sexo, la identidad, la expresi&oacute;n y la orientaci&oacute;n del g&eacute;nero; &lt;em&gt;pero mucho m&aacute;s temprano que tarde&lt;/em&gt;, dicho peso se diluir&aacute; sem&aacute;nticamente en el &lt;em&gt;desaprendizaje &lt;/em&gt;para aprender de lo no aprendido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es muy previsible que los pensamientos de Lemebel, y de otros escritores, estuvieran influenciados por la lectura reflexiva de &lt;em&gt;El Segundo Sexo&lt;/em&gt; de Simone de Beauvoir, obra publicada en 1949, cuyo estudio ser&iacute;a considerado como el mejor an&aacute;lisis que ha realizado una intelectual frente a la situaci&oacute;n de la mujer en los distintos procesos hist&oacute;ricos de las sociedades patriarcales. Desde una mirada muy general, De Beauvoir y dicho t&iacute;tulo est&aacute;n &iacute;ntimamente ligados, no porque es la autora del libro, sino que los argumentos presentados por la fil&oacute;sofa francesa lograron concretar las &lt;em&gt;acciones reales &lt;/em&gt;(Tinat, 2009, 756) de lo que experiment&oacute; a lo largo de su vida. Simone identific&oacute; el v&iacute;nculo entre la mujer y sus numerosos roles asignados culturalmente por el tradicionalismo. As&iacute;, estos relatos, cr&iacute;ticas y denuncias asentar&iacute;an las bases epistemol&oacute;gicas para un colectivo hist&oacute;rico de mujeres que estuvieron segregadas de las esferas del saber desde los comienzos de la civilizaci&oacute;n humana. Asimismo, la eterna compa&ntilde;era de Sartre institucionaliz&oacute; y forj&oacute; un paradigma intelectual-cultural que no resid&iacute;a en el consciente imaginario de la modernidad, aunque las demandas femeninas ya intentaban estar en el escenario pol&iacute;tico desde finales del siglo XVIII en adelante. Sin embargo, estas &uacute;ltimas eran limitadas y avasalladas por las ideolog&iacute;as absolutas del paternalismo autoritario y teocr&aacute;tico, y que pr&aacute;cticamente ocultaban el desarrollo de la mujer, aniquilando sus derechos en toda esencia de lo que constituye al ser humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;SIMONE Y UNA REVISI&Oacute;N A LAS IDEAS ILUSTRADAS&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Si volvemos al pasado, espec&iacute;ficamente, en lo que acontece en el &lt;em&gt;Siglo de las Luces&lt;/em&gt;, entender&iacute;amos que la Ilustraci&oacute;n fue un movimiento cultural o ideol&oacute;gico que, sin embargo, no es organizado ni uniforme; tampoco constituye una teor&iacute;a o sistema filos&oacute;fico. Con ese t&eacute;rmino se expresa, por encima de todo, una actitud, un esp&iacute;ritu, que se traduce en la confianza absoluta en la raz&oacute;n pura e inmutable, liberada de todo presupuesto metaf&iacute;sico y teol&oacute;gico, que es rechazado como prejuicio (Sanz, 2005, p. 35).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Simone expresar&iacute;a y ejemplificar&iacute;a que &ldquo;las mujeres ser&iacute;an solamente entre los seres humanos aquellos a los que arbitrariamente se designa con la palabra &lt;em&gt;mujer&lt;/em&gt;&rdquo; (1949, p. 2), por lo tanto, en las nociones propias que el racionalismo promov&iacute;a, la mujer no estaba considerada entre los patrones l&oacute;gicos de esta filosof&iacute;a Ilustrada. Si esbozamos, la participaci&oacute;n de las mujeres en el &aacute;mbito jur&iacute;dico, Immanuel Kant afirmar&iacute;a que:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] el hombre adquiere los atributos jur&iacute;dicos: la &lt;em&gt;igualdad&lt;/em&gt; civil respecto de los restantes ciudadanos, y la &lt;em&gt;independencia&lt;/em&gt;, que consiste en no poder ser representado por ning&uacute;n otro en los asuntos jur&iacute;dicos. Esta independencia tiene como una de sus consecuencias la capacidad de votar, que s&oacute;lo concede a los ciudadanos &lt;em&gt;activos&lt;/em&gt;, aquellos que son se&ntilde;ores de s&iacute; mismos y poseen alguna propiedad que los mantenga, pero no a los que denomina &lt;em&gt;pasivos&lt;/em&gt;, como los empleados, las mujeres y, en general, todos los que no pueden mantenerse por su propia actividad, sino que han de depender de otros (Sanz, 2005, p. 493).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En efecto, la mujer como ente &lt;em&gt;pasivo&lt;/em&gt; est&aacute; subordinada al que s&iacute; puede determinar su condici&oacute;n aut&oacute;noma y pol&iacute;tica representativa de la masa; es decir, est&aacute; obligada al &lt;em&gt;deber de obedecer&lt;/em&gt; al poder que la subyuga y la mantiene en su estado de dependencia. A excepci&oacute;n de esta normativa, algunas mujeres galas, tales como: la actriz Adrienne Lecouvreur; la modelo de artistas y soprano de &oacute;pera Sophie Arnould; y la bailarina y cortesana Julie Talma, quienes alcanzaron un &eacute;xito min&uacute;sculo a pesar del desarrollo de sus habilidades y talentos al demostrarle al p&uacute;blico privilegiado, o de la clase noble, de lo que es capaz de realizar una mujer. Es muy probable que estas sagaces mujeres no tuvieran la oportunidad de generalizar y difundir sus idoneidades art&iacute;sticas al pueblo, a diferencia de los artistas masculinos m&aacute;s renombrados, como Dante o Shakespeare (De Beauvoir, 1949, 37). Por ende, este y otros ejemplos en las diversas &aacute;reas del saber, la mujer no fue considerada para nutrir y ampliar el patrimonio cultural femenino, siendo cada vez m&aacute;s deslegitimada por las concepciones prejuiciosas y presuntuosas que, libremente, dominaba y transitaba el hombre, y para con los hombres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De hecho los escritos de hombres ilustrados sostuvieron las bases de la raz&oacute;n y de los derechos de la humanidad; de las leyes civiles y pol&iacute;ticas y su dependencia del tiempo y la sociedad; es decir, la libertad pol&iacute;tica que presupone la separaci&oacute;n de los poderes, as&iacute; como el control mutuo del poder; reformas consistentes al &aacute;mbito jur&iacute;dico, educativo y econ&oacute;mico; una tolerancia y relativizaci&oacute;n de las tradiciones y situaciones dominantes; el estudio respetuoso y comparativo de las diversas culturas; el rechazo a la autoridad absoluta y al moralismo que la constituye; la convicci&oacute;n en el progreso humano por medio del avance de la ciencia y la experimentaci&oacute;n; y de la creencia de la explicaci&oacute;n del alma, de las funciones cognoscitiva y sensorial, y en la posibilidad de fundamentar la totalidad de los fen&oacute;menos a partir de las propiedades de la materia (Delius, Gatzemeier, Sertcan y W&uuml;nscher, 2000, p. 62). Todas estas nociones, conjugadas, proyectan de un modo distinto el mundo al que se ten&iacute;a presente; sin embargo, esta simbiosis fue aplicada, en sus primeros pasos, a la universalizaci&oacute;n occidental, y de c&oacute;mo estructurar un mundo completamente distinto a lo que se ten&iacute;a. Los hitos revolucionarios que concretaron estas ideas fueron los procesos revolucionarios de las 13 colonias inglesas y la Revoluci&oacute;n Francesa. La primera ocurri&oacute; entre los a&ntilde;os 1775 y 1783, cuyo objetivo era liberarse de Inglaterra y proclamarse como territorio y naci&oacute;n soberana independiente, acto concretado en la creaci&oacute;n de una Constituci&oacute;n (1787) y de la victoria sanguinolenta en la batalla de Yorktown, Virginia (1781) (Krebs, 2006, p. 336). Este proceso hist&oacute;rico, en el relato educacional, consolid&oacute; a los protagonistas de quienes redactaron la Carta Magna, actualmente llamados &lt;em&gt;Los Padres de la Patria&lt;/em&gt; de los Estados Unidos, agrupaci&oacute;n que solo estaba constituida por hombres (John Adams, Benjam&iacute;n Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson, James Madison y George Washington). Seg&uacute;n la historiadora Noem&iacute; Rivera De Jes&uacute;s, en la mayor&iacute;a de los libros de historia general de los Estados Unidos, por lo general, solo se hace menci&oacute;n honorifica a los nombres de mujeres heroicas, tales como: Betsy Ross, Deborah Sampson, Molly Pitcher, Margaret Corbin, Abigail Adams, Sybil Ludington, Dolly Madison, y Martha Washington, pero no profundizan en qui&eacute;nes eran ellas y cu&aacute;les fueron sus aportaciones a la causa patri&oacute;tica (2018, p. 742). Tampoco se considera en el relato hist&oacute;rico a las mujeres que fueron parte del ej&eacute;rcito de las Trece Colonias: algunas que se encargaron de las granjas y de los negocios de la familia para proveer, almacenar y distribuir los recursos necesarios a los civiles y militares; y otras mujeres m&aacute;s vulnerables y despose&iacute;das que de manera voluntaria se congregaban en los campos de batalla para cumplir las labores de cocinar, lavar, curar y otras tareas del ejercicio b&eacute;lico (Howard, 2001, p. 85). Esta caracter&iacute;stica de reconocer y difundir los hechos del pasado, tanto en libros como en los &lt;em&gt;mass medias&lt;/em&gt;, es fundamental para constituir las bases del conocimiento universal. Aunque la historia ha sido escrita por el hombre, ya sea legitimando o deslegitimando, evidenciando u omitiendo, manipulando o esclareciendo, la verdad de quienes llevaron a cabo el proceso hist&oacute;rico a la mujer siempre la han apartado. De esta forma, es posible inferir que, al no incluir a la mujer en el relato universal, la dominaci&oacute;n masculina asegura su posicionamiento y garantiza su se&ntilde;or&iacute;o por sobre la mujer. Es por esto, que De Beauvoir analiz&oacute; las condiciones hist&oacute;ricas de sus pares, y se dio cuenta que es muy diferente a la de los hombres, a pesar de que la participaci&oacute;n de la mujer ha sido trascendental en los cambios revolucionarios, y que estos han sido silenciados o invisibilizados en el paradigma &lt;em&gt;andr&oacute;s.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Respecto de la Revoluci&oacute;n Francesa, acontecida el 14 de julio de 1789, en donde hubo asesinatos, saqueos, incendios y otras medidas del levantamiento del pueblo que extremaron la violencia y la histeria colectiva. En palabras de Simone:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] fueron estas mujeres (clase trabajadora) quienes, desde el seno de su dif&iacute;cil existencia, hubieran podido afirmarse como personas y exigir derechos; pero una tradici&oacute;n de timidez y sumisi&oacute;n pesaba sobre ellas: los cahiers (memoriales o registros) de los Estados Generales no presentan sino un n&uacute;mero casi insignificante de reivindicaciones femeninas; tales reivindicaciones se limitaban a lo siguiente: &ldquo;Que los hombres no puedan ejercer los oficios que son patrimonio de las mujeres&rdquo;. Y, ciertamente, se ve a las mujeres al lado de sus hombres en las manifestaciones y motines; son ellas quienes van a buscar a Versalles &ldquo;al panadero, a la panadera y al pinche&rdquo;. Pero no ha sido el pueblo quien ha dirigido la empresa revolucionaria, y no es &eacute;l quien recoge sus frutos (1949, p. 40).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A pesar de la violencia, el proceso revolucionario estuvo ligado a las decisiones de la Asamblea Nacional que despu&eacute;s de abolir el orden existente, se dedic&oacute; a establecer un nuevo r&eacute;gimen: defini&oacute; los principios te&oacute;ricos generales y promulg&oacute; la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, 27 de agosto de 1789 (Krebs, 2006, p. 343), documento que recoge las ideas de la Ilustraci&oacute;n y determina que el mejor gobierno debe basarse en los principios fundamentales de &lt;em&gt;libertad, igualdad &lt;/em&gt;y&lt;em&gt; fraternidad&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lamentablemente, el lema &lt;em&gt;libertad, igualdad, fraternidad&lt;/em&gt; no reconoci&oacute; y no consider&oacute; a la mujer como ciudadana, despoj&aacute;ndola y omiti&eacute;ndola una vez m&aacute;s de sus derechos fundamentales y de las elaboraciones de los dictamines constitucionales. Este proceso indolente y complejo ha sido objeto de discusi&oacute;n, siendo consecuencia directa de una &lt;em&gt;historia naturalizada&lt;/em&gt; que impone el hombre por sobre la mujer. Aun as&iacute;, Simone resalta a un n&uacute;mero minoritario de mujeres que cuestion&oacute; y protest&oacute; frente a la nueva cosmovisi&oacute;n ilustrada masculina (1949, p. 40), entre ellas: la feminista Charlotte Corday que al asesinar a Jean-Paul Marat terminar&iacute;a con las hordas jacobinas del terror revolucionario, fue guillotinada el 17 de julio de 1793; Olympe de Gouges, quien propuso en 1789 La Declaraci&oacute;n de los Derechos de la Mujer, documento que es similar a la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre, solicitando abolir todos los privilegios masculinos, fue guillotinada el 3 de noviembre de 1793; Marie-Jeanne Roland, quien expuso p&uacute;blicamente los peores excesos de la Revoluci&oacute;n, fue guillotinada el 8 de noviembre de 1793; Lucile Desmoulins, arrestada bajo cargos de conspiraci&oacute;n contra la Rep&uacute;blica, fue guillotinada el 13 de abril de 1794; Anne-Jos&egrave; Th&eacute;roigne de M&eacute;ricourt, fue internada el 20 de septiembre de 1794 en el asilo de Faubourg para evitar las acusaciones pol&iacute;ticas y no ser guillotinada, posteriormente ingres&oacute; al hospital de la Piti&eacute;-Salp&ecirc;tri&egrave;re, donde perteneci&oacute; hasta su muerte, el 23 de junio de 1817.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A pesar de las muertes de estas nobles intelectuales ilustradas, las mujeres continuaron organiz&aacute;ndose por luchar y obtener sus derechos, impulsaron un n&uacute;mero significativo de publicaciones en el diario &lt;em&gt;L&amp;#8217;Impatient&lt;/em&gt;. Tambi&eacute;n crearon &lt;em&gt;Los clubes femeninos&lt;/em&gt; (Vaccaro, 2015) y se fusionaron con los &lt;em&gt;clubes masculinos,&lt;/em&gt; esta estrategia decaer&iacute;a, puesto que fueron absorbidos por la ideolog&iacute;a ilustrada masculina. A su vez, desde una forma m&aacute;s particular en &ldquo;el 28 brumario (segundo mes del calendario republicano franc&eacute;s) de 1793, la actriz Claire Lacombe, presidente de la Sociedad de Mujeres Republicanas Revolucionarias (Zetkin, 1976, p. 15), acompa&ntilde;ada por una diputaci&oacute;n de mujeres, fuerza la entrada en el Consejo General, y el procurador Chaumette, expone que:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;&iquest;Desde cu&aacute;ndo est&aacute; permitido a las mujeres abjurar de su sexo y convertirse en hombres?&amp;#8230; [La Naturaleza] ha dicho a la mujer: &ldquo;S&eacute; mujer. Los cuidados de la infancia, los detalles dom&eacute;sticos, las diversas inquietudes de la maternidad: he ah&iacute; tus labores&rdquo; (De Beauvoir, 1949, p. 40).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A pesar de la exhortaci&oacute;n de Chaumette, Lacombe continu&oacute; denunciando a &lt;em&gt;vox populi&lt;/em&gt; la opresi&oacute;n que viv&iacute;an las mujeres, desgraciadamente fue vista por &uacute;ltima vez en junio de 1798 (Delgado, 2019). A fin de cuentas, y pese al juicio pol&iacute;tico masculino ante los liderazgos femeninos en el proceso revolucionario, es posible se&ntilde;alar que desde el a&ntilde;o 1790 hasta la autocoronaci&oacute;n de Napole&oacute;n Bonaparte (2 de diciembre de 1804, en N&ocirc;tre Dame de Par&iacute;s), seg&uacute;n De Beauvoir se hab&iacute;an &ldquo;suprimido el derecho de primogenitura y el privilegio de masculinidad; los j&oacute;venes de ambos sexos se han hecho iguales en materia de sucesi&oacute;n; en 1792 una ley establece el divorcio y, en su virtud, aten&uacute;a el rigor de los lazos matrimoniales&rdquo;. Mas estas conquistas quedaron prontamente suprimidas bajo los mandatos de Napole&oacute;n, ya que este:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] solo quiere ver en la mujer una madre; sin embargo, heredero de una revoluci&oacute;n burguesa, no pretende quebrar la estructura de la sociedad y dar a la madre la preeminencia sobre la esposa: proh&iacute;be la indagaci&oacute;n de la paternidad; y define con dureza la condici&oacute;n de la madre soltera y la del hijo natural. La mujer casada, empero, no encuentra recursos en su dignidad de madre; la paradoja feudal se perpet&uacute;a. La madre soltera y la esposa son privadas de la cualidad de ciudadanas, lo cual les proh&iacute;be funciones tales como la profesi&oacute;n de abogado y el ejercicio de la tutela. En cambio, la mujer soltera goza de la plenitud de sus derechos civiles, mientras que el matrimonio conserva el mundium (autoridad). La mujer debe obediencia al marido; este puede hacer que la condenen a reclusi&oacute;n en caso de adulterio y obtener el divorcio contra ella; si mata a la culpable sorprendida en flagrante delito, es excusable a los ojos de la ley; en cambio el marido no es susceptible de ser multado sino en el caso de que lleve una concubina (De Beauvoir, 1949, pp. 40-41).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este sentido, se infiere que existe un verticalismo y una potestad del poder asignado a una autoridad central, que es el hombre, y que a su vez puede determinar sin cuestionamientos la asignaci&oacute;n de los roles y conductas de lo que debe tener y cumplir una mujer, siendo que est&aacute; completamente ya afectada por los prejuicios morales del tradicionalismo patriarcal en cualquiera de las actividades que realice, y esta denotaci&oacute;n contribuye a una carga sem&aacute;ntica de &lt;em&gt;naturalizaci&oacute;n&lt;/em&gt;, tal como se ejemplifica en los conceptos de &lt;em&gt;madre&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;esposa&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;mujer soltera&lt;/em&gt;. Este pensamiento napole&oacute;nico, impuesto por mandato de fuerza, es mucho m&aacute;s extremo de lo que acontec&iacute;a en el periodo feudal, dado que a la mujer se le negaban todos los derechos privados y, por tanto, no desarrolla ninguna capacidad pol&iacute;tica (De Beauvoir, 1949, 35), segreg&aacute;ndola del esp&iacute;ritu de las ideas, del razonamiento, del cuestionamiento y de las realidades que puede libremente crear. Esta paradoja en torno a la veracidad hist&oacute;rica y contra-hist&oacute;rica de las ideas de la Ilustraci&oacute;n y de las revoluciones liberales volver&iacute;a a la visi&oacute;n descrita por Kant al dividir los derechos civiles entre sujetos &lt;em&gt;activos&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;pasivos&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;SIMONE Y ALGUNAS IDEAS DEL FEMINISMO&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Seg&uacute;n la investigadora Nuria Varela, diversas interrogantes modernas comenzar&iacute;an a gestarse luego de los procesos revolucionarios liberales, tales como: &iquest;por qu&eacute; est&aacute;n excluidas las mujeres?, &iquest;por qu&eacute; los derechos solo corresponden a la mitad del mundo, a los varones?, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el origen de esta discriminaci&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; podemos hacer para combatirla? (2008, 10). En respuesta a dichos cuestionamientos es probable que exista un relativismo entre lo que ha constituido la historia y la filosof&iacute;a del hombre y, por ende, es necesario identificar cu&aacute;l es la profundidad del problema. Parafraseando a la escritora Chimamanda Ngozi, este vac&iacute;o debemos llamarlo &lt;em&gt;feminismo&lt;/em&gt;, porque si no se le otorga un concepto sem&aacute;ntico, jam&aacute;s se encontrar&aacute; una definici&oacute;n, sustancial y abstracta, para argumentar y decodificar la realidad (junto al lenguaje, los derechos y el trato) que involucra integralmente a todos los seres humanos (Congreso Futuro, 2020). Esta tesis constituye elementos de una nueva tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica o contra-hist&oacute;rica, cuya preocupaci&oacute;n es demostrar las relaciones de sujeto-verdad, en donde los protagonistas son los sujetos marginados (M&aacute;rquez, 2014, 214), tal como lo manifesta Lemebel (2011) en su prosa narrativa: las locas, los pobres, las prostitutas, los homosexuales, los anormales, los enfermos, y otros tantos grupos que han recibido un trato despectivo frente al paradigma heteronormativo. Este &uacute;ltimo, &ldquo;se refiere al sesgo cultural a favor de las relaciones heterosexuales, conforme al cual dichas relaciones son consideradas &ldquo;normales, naturales e ideales&rdquo; y son preferidas sobre relaciones del mismo sexo o del mismo g&eacute;nero&rdquo; (CIDH, 2015, pp. 40-41). Estas caracter&iacute;sticas perdurar&iacute;an por m&aacute;s de dos siglos, hasta que Simone de Beauvoir y Michel Foucault cuestionar&iacute;an las estructuras del modelo. Para la fil&oacute;sofa gala, &ldquo;la cuesti&oacute;n de la mujer&rdquo; y de las prohibiciones, internas y externas, que estaban inmersas, impl&iacute;citamente, en el dominio de la masculinidad filos&oacute;fica occidental, no compart&iacute;a el discurso de sus antecesores, puesto que coloca a la Mujer como un sujeto propio y singular al concepto de Hombre (Zerilli y Arij&oacute;n, 2008, pp. 38-39). Adem&aacute;s, profundiza que la libertad femenina jam&aacute;s podr&aacute; ser considerada en una comunidad, si esta es guiada por tipolog&iacute;as hist&oacute;ricas y normativas con caracter&iacute;sticas patriarcales. Por otro lado, para Foucault:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] toda sociedad tiene reg&iacute;menes de verdad. Vivimos en una sociedad que produce y pone en circulaci&oacute;n discursos que cumplen una funci&oacute;n de verdad que pasan por tal y que encierran gracias a ello poderes espec&iacute;ficos. Uno de los problemas fundamentales de Occidente es la instauraci&oacute;n de discursos &lt;em&gt;verdaderos&lt;/em&gt; (M&aacute;rquez, 2014, p. 215).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Homologando las ideas de los fil&oacute;sofos franceses, el feminismo puede ser comprendido como un movimiento que articula la teor&iacute;a y pr&aacute;ctica pol&iacute;tica de la mujer que tras analizar las realidades hist&oacute;ricas, en especial de occidente, toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la &uacute;nica raz&oacute;n de ser &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt;, y deciden organizarse para acabar con ellas, y cambiar la sociedad del discurso heteronormativo (Varela, 2008, p. 10). Esta reestructuraci&oacute;n que propone el feminismo es posible llevarla a cabo por medio de los estudios estructuralistas, lo cual plantean que:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] los fen&oacute;menos sociales ofrecen el car&aacute;cter de signo [&hellip;] se pueden considerar que las reglas de matrimonio y los sistemas de parentescos como una especie de lenguaje, es decir, como un conjunto de operaciones destinadas a asegurar, entre los individuos y los grupos, cierto tipo de comunicaci&oacute;n (Tejedor, 2017, p. 451).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En concreto, no tan solo las ideas de la Ilustraci&oacute;n y sus desavenencias en los inicios de las rep&uacute;blicas modernas presentaron un dinamismo de secuencias de actos que demandaron y a&uacute;n demandan la igualdad de derechos. Este proceso puede ser entendido como una &lt;em&gt;periodificaci&oacute;n &lt;/em&gt;de hitos correlacionados que intentan explicar la totalidad del quehacer humano (Saldivia, 2014, p. 15). Sin embargo dichos acontecimientos, tanto para la mujer y los grupos marginados, estuvieron (y est&aacute;n) cada vez m&aacute;s segmentados en la cronolog&iacute;a hist&oacute;rica, tal como lo comunicaron (y comunican) las escritoras e investigadoras: Mary Wollstonecraft, &lt;em&gt;Vindicaci&oacute;n de los Derechos de la Mujer&lt;/em&gt; (1792); Lucretia Mott, &lt;em&gt;Discursos sobre la mujer&lt;/em&gt; (1837-1848); Tristan, &lt;em&gt;La Uni&oacute;n Obrera&lt;/em&gt; (1843); Elizabeth Cady Stanton, &lt;em&gt;La biblia de la mujer&lt;/em&gt; (1895); Aleks&aacute;ndra Kollantai, &lt;em&gt;Bases sociales de la &lt;/em&gt;&lt;em&gt;cuesti&oacute;n de la mujer&lt;/em&gt; (1909); Flora Betty Friedan, &lt;em&gt;La M&iacute;stica de la Feminidad&lt;/em&gt; (1963); Julieta Kirkwood, &lt;em&gt;Ser pol&iacute;tica en Chile. Los nudos de la sabidur&iacute;a feminista&lt;/em&gt; (1986); entre otras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otra parte, respecto de las &lt;em&gt;periodificaciones&lt;/em&gt; contra-hist&oacute;ricas, Simone de Beauvoir formular&iacute;a la frase c&eacute;lebre: &ldquo;No se nace mujer: se llega a serlo&rdquo; (1949, 87), sentencia que resume la totalidad de las tesis de la fil&oacute;sofa gala. En una entrevista, De Beauvoir argumentar&iacute;a que:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] ser mujer no es un hecho natural, es el resultado de una historia. No existe ning&uacute;n instinto biol&oacute;gico o psicol&oacute;gico que defina a la mujer como tal. Es la historia la que la constituye. Primero, la historia de una civilizaci&oacute;n que determina su situaci&oacute;n actual. Y, por otra parte, para cada mujer particular, es la historia de su vida (Servan-Schreiber, p. 1975).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto quiere decir que en el transcurso de la historia masculina se ha consolidado el determinismo de la mujer en toda su amplitud filos&oacute;fica, cualquiera que esta sea. As&iacute;, la inexistencia de un &lt;em&gt;libre albedr&iacute;o&lt;/em&gt; femenino no ser&iacute;a la determinaci&oacute;n causal para amenazar la libertad masculina (Nagel, 2019, p. 49); por el contrario, podr&iacute;a haber aportado a&uacute;n m&aacute;s en los cambios estructurales luego de la Independencia de los Estados Unidos o de la Revoluci&oacute;n Francesa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otro lado, parafraseando a la investigadora Gabriela Castellanos, el problema de la mujer no se origina en lo biol&oacute;gico, ni en la superioridad corporal del hombre, por el contrario, es en la dial&eacute;ctica hegeliana del mando y la obediencia, la lucha infatigable por la libertad que subyace la condici&oacute;n femenina (2008, p. 28). Dicho esto, podemos interpretar que el hombre defini&oacute; y posicion&oacute; el concepto de &lt;em&gt;natural&lt;/em&gt; como mandato y el concepto de &lt;em&gt;cultura&lt;/em&gt; como obediencia al mandato. Esta disputa dial&eacute;ctica, entre lo que es natural y lo que es cultural se conjugar&iacute;an, perfectamente, para crear las doctrinas del &lt;em&gt;andr&oacute;s,&lt;/em&gt; heredando las virtudes de la naturaleza del ciudadano cl&aacute;sico y moderno: apropi&aacute;ndose del espacio social y sobresaliendo como un var&oacute;n adulto, libre y blanco. Asimismo, este sujeto hist&oacute;rico, comprender&iacute;a que &ldquo;a medida que la historia avanza, va relevando su significaci&oacute;n impl&iacute;cita y los juicios morales progresan en consecuencia&rdquo; (Appleby, Hunt, y Jacob, 1998, 71). Proposici&oacute;n &lt;em&gt;hegeliana&lt;/em&gt;, que utilizar&iacute;a el &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt; para construir una realidad dependiente de las circunstancias hist&oacute;ricas, y de c&oacute;mo estas se adaptar&iacute;an a las condiciones venideras para ir modelando el &lt;em&gt;statu quo&lt;/em&gt; femenino a trav&eacute;s de lo que debe ser natural y de lo que debe ser cultural. Es por ello, que De Beauvoir en su obra magna criticar&iacute;a y denunciar&iacute;a las formas de instrumentalizaci&oacute;n de poder del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt;, y lo contrapone con un proyecto de su propia existencia, el &lt;em&gt;yo&lt;/em&gt; como lugar privilegiado de conciencia del mundo (Grau, Luongo, Castillo, Gonz&aacute;lez y Santander, 2016, 35-36), lo cual hace lo &lt;em&gt;propio&lt;/em&gt; para nutrirla de sentido y coherencia, con el objetivo de establecer un hito dentro de la &lt;em&gt;periodificaci&oacute;n &lt;/em&gt;contra-hist&oacute;rica de los procesos de reivindicaci&oacute;n de la mujer. A su vez, examinar&iacute;a los diferentes roles de la mujer, en sus distintos procesos hist&oacute;ricos, argumentando que: &ldquo;El hombre se piensa sin la mujer. Ella no se piensa sin el hombre&rdquo; (De Beauvoir, 1949, p. 4). Sentencia que explica Simone del por qu&eacute; la mujer es considerada por el&lt;em&gt; andr&oacute;s &lt;/em&gt;como un ser sexuado:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: right&quot;&gt;[&hellip;] para &eacute;l, ella es sexo; por consiguiente, lo es absolutamente. La mujer se determina y se diferencia con relaci&oacute;n al hombre, y no en relaci&oacute;n a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. &Eacute;l es el Sujeto, &eacute;l es lo Absoluto; ella es lo Otro (1949, p. 4).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frente a este argumento, la investigadora Olaya Fern&aacute;ndez Guerrero postula que la masculinidad se ha apropiado del concepto universal, mientras que lo femenino es &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt;, lo secundario o lo de menor rango. De modo que el hombre ha trascendido en las ideas que ha forjado la humanidad, en cambio las mujeres fueron relegadas a la inmanencia (Fern&aacute;ndez, 2015, p. 5), a lo interno del ser, y no a la participaci&oacute;n o colaboraci&oacute;n de las actividades externas que transmutan al ser. Esta inmanencia, seg&uacute;n De Beauvoir, se reproducir&iacute;a en los roles de esposa y madre. La primera porque estar&aacute; totalmente subordinada al esposo, ya que el matrimonio es considerado como una instituci&oacute;n que exige la rec&iacute;proca fidelidad (1949, p. 34), y m&aacute;s a&uacute;n cuando, por lo general, el matrimonio es un medio para integrarse en la colectividad moral. Por otro lado, la maternidad es una &lt;em&gt;virtud&lt;/em&gt; que cumple la mujer &iacute;ntegramente su destino fisiol&oacute;gico, es decir, su vocaci&oacute;n &lt;em&gt;natural&lt;/em&gt;, puesto que su organismo est&aacute; dirigido hacia la perpetuaci&oacute;n de la especie (1949, p. 208). En otras palabras, la relaci&oacute;n esposa-madre es la f&oacute;rmula ic&oacute;nica del patriarcado para mejorar y consolidar la uni&oacute;n econ&oacute;mica y sexual del hombre, legitimando forzadamente lo sentimental o lo er&oacute;tico. Mientras que &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt; es designada a lo privado y dependiente de la voluntad del esposo, y en lo p&uacute;blico es limitada a&uacute;n m&aacute;s por las moralidades del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tras la totalidad normativa del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt;, y a pesar de los intentos de reivindicaci&oacute;n de los derechos de la mujer durante los siglos XIX y XX, esta continuaba obedeciendo al marido, tanto en la resignaci&oacute;n del dominio conyugal, la subordinaci&oacute;n de las labores del hogar, la dependencia financiera e incluso la violencia marital. Potestad que estaba sustentada en el derecho que los mismos hombres legislaban y juzgaban. Un paradigma &lt;em&gt;andr&oacute;s &lt;/em&gt;estructurado a trav&eacute;s de la fuerza y la violencia simb&oacute;lica dirigido hacia &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt;, tal como lo expuso el pol&iacute;tico y cat&oacute;lico tradicionalista Louis de Bonald: &ldquo;Las mujeres pertenecen a la familia y no a la sociedad pol&iacute;tica, y la Naturaleza las ha hecho para los cuidados dom&eacute;sticos y no para las funciones p&uacute;blicas&rdquo; (De Beauvoir, 1949, p. 41). En su contraparte, a juicio de la investigadora Isabel Morant (2018, p. 9), &ldquo;cambiar las formas de vida tradicionales no es f&aacute;cil, por eso las mujeres, que conocen las dificultades, se muestran dubitativas y saben que, por comodidad o por miedo a lo desconocido, muchas prefieren seguir las costumbres&rdquo;. Argumento que en las palabras de Simone de Beauvoir (1949, p. 335): &ldquo;Hacerse justificar por un dios es m&aacute;s f&aacute;cil que justificarse por el propio esfuerzo; el mundo la estimula a creer en la posibilidad de una salvaci&oacute;n dada: ella opta por creerlo&rdquo;. Ambas apelan a que las mujeres deben tener la voluntad de alzar y vociferar por lo que est&aacute;n demandando, tal como lo demostr&oacute; la feminista Sojourner Truth en su discurso &ldquo;&iquest;No soy yo una mujer?&rdquo; en la Convenci&oacute;n de los Derechos de la Mujer de Ohio (1851), la cual revelaba los dos problemas que afrontaban las mujeres negras: ser mujeres y la problem&aacute;tica derivada de la raza; o tras la manifestaci&oacute;n del 8 de marzo de 1908, cuando 129 mujeres murieron en un incendio en la f&aacute;brica Cotton (Nueva York, Estados Unidos), luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. Entre los objetivos demandantes: reducir la jornada laboral a 10 horas, un salario igual al que percib&iacute;an los hombres que ejecutaban las mismas actividades y mejorar las malas condiciones de trabajo. El due&ntilde;o de la f&aacute;brica orden&oacute; cerrar las puertas del establecimiento para que las trabajadoras desistieran. El resultado fue la muerte de las obreras que se encontraban en el interior de la f&aacute;brica (MCA, s. f.). En efecto, para Simone no luchar contra los conformismos es mantener el &lt;em&gt;statu quo&lt;/em&gt; del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt; y, por lo tanto, no existe ninguna trascendencia (2017, p. 56), y &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt; muere por s&iacute; mismo en los intentos de generar una revoluci&oacute;n estructural del paradigma social, a diferencia de como s&iacute; ocurre en los estudios de las ciencias y en las transformaciones epistemol&oacute;gicas que las contienen. De hecho, De Beauvoir se esforzar&iacute;a por estudiar y criticar los estudios de Freud con el objetivo de introducir sus propios conceptos filos&oacute;ficos: la idea de naturaleza humana y la acci&oacute;n como autorrealizaci&oacute;n (Ortega, 2005, p. 117), despoj&aacute;ndose de los planteamientos de creer y admitir que &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt; es un hombre defectuoso, lo que limita su desarrollo intelectual y moral, tal como ya lo planteaba Arist&oacute;teles (1990, p. 380) en el siglo IV a. C. Estas nociones condescendieron a que cientos, miles y millones de mujeres (a finales del siglo XIX, a lo largo de todo el siglo XX y en los inicios del siglo XXI) estudiaran, cuestionaran y lucharan por transformar las estructuras del paradigma &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt;, tales como: el fin de la esclavitud; el sufragismo universal; un nuevo pacto social y sexual en torno a la situaci&oacute;n de la mujer en relaci&oacute;n con la fuerzas productivas, la naturaleza de su explotaci&oacute;n y los problemas de identidad femenina (Kirkwood, 1990, p. 53); la participaci&oacute;n y el reconocimiento institucional de las ciencias, como lo fueron Marie Curie y Rosalind Franklin; el fin de la mutilaci&oacute;n femenina; la propiedad conyugal; el acceso a la educaci&oacute;n; el reconocimiento laboral; la desigualdad salarial; el aborto libre, como parte de la evoluci&oacute;n en la naturaleza y la historia humana (De Beauvoir, 1949, pp. 44-213); la representaci&oacute;n paritaria en los &oacute;rganos del Estado; la protecci&oacute;n de las mujeres embarazadas; la ruptura de patrones socioculturales aferrados en los roles de g&eacute;nero, as&iacute; como dar voz a las disidencias, inmigrantes y pueblos originarios a trav&eacute;s de una mirada &lt;em&gt;interseccional&lt;/em&gt; en los distintos espacios culturales. De este modo &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt;, tal como lo postula De Beauvoir, estar&iacute;a m&aacute;s preparada para la libertad, mas es la sociedad la que no lo est&aacute; del todo, a&uacute;n existen rasgos culturales del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt; que siguen predominando y, por esta raz&oacute;n, es responsabilidad de cada ser humano vivir, reflexionar, respetar, tolerar, escribir y difundir la contra-historia para no &lt;em&gt;morderse las burlas&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;no comer rabia para no matar a todo el mundo&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;aceptarse diferente para ser&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;CONCLUSI&Oacute;N&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;En s&iacute;ntesis, respetando por supuesto las nociones de tiempo anacr&oacute;nico de los estudios realizados por Simone de Beauvoir, la fil&oacute;sofa gala es considerada como una de las fundadoras del feminismo, y lo plasm&oacute; en su obra c&eacute;lebre &lt;em&gt;El Segundo Sexo&lt;/em&gt; (1949)&lt;em&gt;. &lt;/em&gt;Libro que explica el rol de la mujer y la necesidad de su independencia como sujeto hist&oacute;rico. A dicho t&iacute;tulo se le ha considerado como el texto magno del feminismo, puesto que sostiene un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la dominaci&oacute;n masculina y de la subordinaci&oacute;n de la mujer, desde los or&iacute;genes de las primeras civilizaciones, consolid&aacute;ndose y perpetu&aacute;ndose en un paradigma epist&eacute;mico del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt;, lo cual ha sido progresivo en el transcurso hist&oacute;rico de la humanidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el extenso estudio que presenta el libro, Simone demuestra que la mujer debe reencontrase con su propia libertad, e incluso luchar por quienes ahogan la voz de impedir expresarse (2017, p. 107), m&aacute;s all&aacute; de alcanzar los derechos fundamentales (el sufragio universal, la incorporaci&oacute;n a la educaci&oacute;n y al trabajo, la asistencia m&eacute;dica, y otros), postula que la revaloraci&oacute;n privada y p&uacute;blica de la mujer es la piedra angular para sentirse y aceptarse igual al hombre en todas las &aacute;reas de la realidad humana, sin barreras y obst&aacute;culos de pasividad y mediocridad condicionada. Asimismo, la no videncia y la resignaci&oacute;n de la mujer no estuvieron marcadas en la vida de Simone, ya que promov&iacute;a la autodeterminaci&oacute;n y autotransformaci&oacute;n de s&iacute; misma en los diversos roles de su vida, erradicando la comodidad de sufrir una ciega esclavitud tradicional, y de trabajar para liberarse de ella (Universidad Veracruzana, s. f.).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las ideas de Simone suscitaron el debate y la reflexi&oacute;n en torno al sometimiento, el abuso y la privaci&oacute;n de la participaci&oacute;n de la mujer en las sociedades heteropatriarcales y heteronormativas, logrando la &lt;em&gt;apertura de las mentes&lt;/em&gt; para cuestionar las estructuras moralistas y tradicionalistas que se desarrollaban eviternamente bajo el dominio del discurso masculino. As&iacute;, los argumentos de la fil&oacute;sofa francesa ser&iacute;an parte de esta existencia al identificar &lt;em&gt;algo&lt;/em&gt; que otras mujeres explicitaron en la &lt;em&gt;Primera Ola Feminista&lt;/em&gt;, y que &ldquo;hab&iacute;an dado voz a toda una generaci&oacute;n de mujeres&rdquo; (Loaeza, 2008, p. 40) durante el siglo XVIII en torno a la cuesti&oacute;n de la naturaleza de la mujer y a la determinaci&oacute;n de los roles de acuerdo con el sexo. Por otra parte, la mujer tambi&eacute;n participar&iacute;a activamente en los procesos revolucionarios liberales, tales como en la Independencia de los Estados Unidos y en la Revoluci&oacute;n Francesa. En la primera resaltar&iacute;an: Betsy Ross, Deborah Sampson, Molly Pitcher, Margaret Corbin, Abigail Adams, Sybil Ludington, Dolly Madison y Martha Washington, entre otras mujeres en la huella del olvido. Mientras que, en la segunda destacar&iacute;an las ilustradas: Adrienne Lecouvreur, Sophie Arnould, Julie Talma; y, posteriormente, las activistas pol&iacute;ticas: Charlotte Corday, Marie-Jeanne Roland, Lucile Desmoulins, Anne-Jos&egrave; Th&eacute;roigne de M&eacute;ricourt, Claire Lacombe, entre otras mujeres que sucumbieron en las memorias generacionales. Sin embargo, el esp&iacute;ritu femenino por la lucha de los derechos se traducir&iacute;an, en paralelo, con otros movimientos que revolucionaron el arte, la moral, el lenguaje, la m&uacute;sica, la ciencia y otras disciplinas del saber, tal como lo expresaron las intelectuales femeninas en distintos tiempos y espacios de la historia del orbe, tales como: Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Lucretia Mott, Flora Tristan, Elizabeth Cady Stanton, Aleks&aacute;ndra Kollantai, Flora Betty Friedan, Julieta Kirkwood, entre otras que promovieron y situaron a la mujer como sujeto hist&oacute;rico en cada &eacute;poca, causando reinterpretaciones contra-hist&oacute;ricas v&aacute;lidas, y que producen confusi&oacute;n e intolerancia al discurso hist&oacute;rico del paradigma &lt;em&gt;andr&oacute;s.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La episteme de Simone es m&aacute;s bien &lt;em&gt;realista&lt;/em&gt;, en cuanto a que proyecta los l&iacute;mites del ser frente al ejercicio de la libertad con los dem&aacute;s y, a su vez, sostiene que existe una verticalidad de quienes pueden practicar la autonom&iacute;a con mayor facilidad a diferencias de otros. Este &uacute;ltimo entrelaza el concepto de compromiso, entre la acci&oacute;n del uno por el otro, plasmando en la &lt;em&gt;trascendencia&lt;/em&gt; a partir de las subjetividades de cada persona. De esta manera, las relaciones de poder se ordenar&iacute;an en los innumerables roles de la sociedad, comenzando por el sexo, ya que perduraba una hipocres&iacute;a silenciosa que denunciaba el poder ejercido mediante la liberaci&oacute;n de las numerosas leyes que ha elaborado con mayor &eacute;nfasis el patriarcado (Alix y Susser, 1998, 140) de las revoluciones liberales. Por a&ntilde;adidura, el concepto de poder que utiliz&oacute; Simone, lo tratar&iacute;a en el sentido de las relaciones personales, entre quien manda y obedece, entre el n&uacute;cleo privado y el espacio p&uacute;blico, entre de lo que deber ser natural y lo que debe ser cultural. As&iacute;, a las mujeres por su sexo se les atribu&iacute;a una serie de reglas y normativas, en desigualdad absoluta frente al hombre, al marido, al &lt;em&gt;Pater, &lt;/em&gt;segreg&aacute;ndolas de la realizaci&oacute;n personal e incluso espiritual. En consecuencia, esta injusticia hacia la mujer la posiciona y le fija su existencia, sin dinamismo de elegir el c&oacute;mo vivir. &ldquo;No se hace mujer, se llega a serlo&rdquo;, frase explicativa que argumenta: que a la mujer no se le define por su sexo, sino por una sucesi&oacute;n de derechos que la sit&uacute;an. Esta premisa se originar&iacute;a, porque el hombre &lt;em&gt;es la norma&lt;/em&gt; y la mujer &lt;em&gt;lo Otro&lt;/em&gt; y, por tanto, la mujer se impide a s&iacute; misma por no ser considerada en la creaci&oacute;n y decisi&oacute;n de la norma, y solo se identifica lo que el hombre espera de ella. De modo que, durante siglos, la crianza de las ni&ntilde;as y los ni&ntilde;os, las actividades dom&eacute;sticas y el sexo ha sido el &uacute;nico trabajo de la mujer, y adem&aacute;s no remunerado. En consecuencia, desde los or&iacute;genes del feminismo la mujer ya estaba &lt;em&gt;atada de manos&lt;/em&gt; o en su expresi&oacute;n m&aacute;s extrema &lt;em&gt;no ten&iacute;a manos&lt;/em&gt;, porque no ten&iacute;a en lo absoluto la posibilidad de construir otro paradigma de vida, uno diferente a la visi&oacute;n del &lt;em&gt;andr&oacute;s&lt;/em&gt;. Pasar&iacute;an dos siglos para visibilizar la violencia de este arquetipo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS&lt;/h4&gt;
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